CARTA A LEONARD

Nitzia Alvarez Fuentes
jcgjn@hotmail.com

Desde hace mucho tiempo, he entablado una dura relación con la muerte. Inicialmente, porque nuestra condición humana nos hace muy aprehensivos y nos aferramos profusamente tanto a las personas, como a los objetos materiales. A lo largo de toda mi vida, he visto llegar y partir muchas personas, perdí hace tiempo ya a mis abuelos y a un par de tíos; pero nunca entendí que reponerse de la partida de los nuestros era una difícil batalla hasta que perdí a mi hermano. Hace exactamente 4 meses y 3 días, mi hermano de 27 años, decidió suicidarse. Reconozco que aun no me he enterado. Secretamente, mientras duermo, dialogamos acerca de lo sucedido, además, cada vez que miro los ojitos de Joanna, su hija de dos años, también lo miro a él. La gente comúnmente piensa que el dolor mas fuerte es durante el momento inmediato de la muerte, el funeral y los primeros días que le siguen. Aprendí que eso, que también lo pensaba yo, es una total mentira. El no haber visto a mi hermano en su ataúd, me hacia pensar que en cualquier momento llegaría a darle el pésame a los familiares, nunca tome en cuenta que la gente me daba el pésame a mí. Cada vez que unas llaves suenan en la salida del ascensor, aun cuatro meses después, no pierdo la mas legitima esperanza que entre mi hermano con sushi para mama en sus manos, y por supuesto mi disco o helado favorito.

Aceptar que ya no esta es una pelea diaria contra mis propios afectos. Es mirar padres en la calle y preguntarme como se vería mi hermano con Joanna en brazos. Es mirarla crecer, cada vez más hermosa, e imaginar como se sentiría el de verla tan bonita y tan inteligente. Cada vez que rió de alguna de las gracias que hace Joannita, no puedo evitar las ganas de llorar inmediatas que vienen al sentir la impotencia de que el no este.

Siento que perder a quienes amamos es un proceso que se hará llevadero, pero que nunca dejara de doler. Mi hermano y yo teníamos una suerte de lunar a lo largo del pecho, como una raya blanca... al igual que ese lunar, yo nunca volveré a sentirme entera. Apenas empiezo a vivir, solo tengo 19 años y se que vendrán muchos afectos que me llenaran en muchos sentidos, pero el lugar de Leonard nadie podrá ocuparlo.

Espero que poco a poco pueda ir reconciliándome con Dios y todas mis creencias, es solo que aun no entiendo dónde estaba Dios ese día; y siento que podría sentarme con Él, como en un debate, para desechar esa conformista frase de "él esta mejor donde se encuentra ahora". Le diría a Dios que no vio nunca entonces a mi hermano cobijado por la protección de mi mama, que no se dio cuenta que él era una de las personas más importantes de mi vida.

Pero sé que tendría que agradecerle el haberme concedido la gracia de haber tenido durante 19 años el mejor hermano del mundo y que el pudiera legarme la creación mas perfecta que puede existir en el mundo, que hoy es el motivo fundamental de mi persistencia en la carrera por mis metas: mi sobrina Joanna.

Leonard, sé que donde estés, con tu amplia sonrisa debes estar orgulloso de mí y de mi mama. Te perdono desde el amor que siento y siempre sentiré por ti, aunque nunca te lo dijera... y ten la certeza que hoy se lo mucho que me querías y lo orgulloso que estabas de mí.

Dios te Bendiga hoy y siempre... Él decidirá el momento de reunirnos.

Te quiero,
Tu hermana.

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